Según la edición de hoy del periódico Listín Diario, el boxeador dominicano Joan Guzmán ha emitido un comunicado donde se atribuye toda responsabilidad relacionada al fracaso de su pelea del pasado sábado. Muchos sabrán que el para pelear en contra del campeón Nate Campbell pero pesaba unas cuantas libras sobre el limite establecido para su categoría. Entonces Guzmán intento rebajar las libras rápidamente lo cual lo llevo a la deshidratación, incapacitándolo para enfrentar a su contrincante.
Personalmente, no soy fanático del boxeo ni mucho menos he seguido la carrera de Guzmán en dicho deporte. Sin embargo, me llama mucho la atención que este joven haya asumido la responsabilidad absoluta por sus acciones, en vez de encontrar a quien echarle la culpa, como suele suceder en nuestra sociedad moderna.
Hoy en día, sobre todo en los Estados Unidos, nadie es culpable de nada. Todo es culpa de otra persona o, cuando hay dinero de por medio, de alguna corporación nefasta...
Solo hay que ver a aquellas personas que han demandado exitosamente a las compañías tabacaleras porque su ser querido se paso la vida fumando 25 cigarrillos al día y murió de cáncer. ¿No se les abra parecido contranatural aspirar humo gris por los pulmones, diseñados exclusivamente para extraer oxigeno del aire atmosferico? ¡Nada que ver, ellos aseguran que la culpa es de la Phillip Morris y del desgraciado camello o el vaquero de Malboro!
Igual aquellas personas que demandan a McDonalds porque su comida esta repleta de calorías y grasa, culpándola de la epidemia de obesidad entre los norteamericanos. ¿Será que no hay otra alternativa al momento de saciar el hambre? ¿O es que McDonalds nos ha obligado alguna vez a que comamos sus deliciosas hamburguesas y papitas fritas?
Ahora, con esto no quiero decir que estas corporaciones no comparten una parte de la culpa. Es obvio que se han manejado estrategias de publicidad extraordinarias para tratar de enredar a la gente. Pero, ¿hasta donde cabe esa explicación y donde, precisamente, entra el factor de la responsabilidad personal?
Hoy en día vemos como nuestro gobierno esta gastando miles sobre miles de millones de dólares para rescatar aquellas empresas financieras que han sucumbido gracias a la debacle de los prestamos hipotecarios.
Escuchamos a los políticos hablar de como hay que ayudar a familias que han perdido sus hogares en foreclosure. Pero la pregunta es, ¿cuantas de estas familias asumieron semejantes deudas insostenibles por ignorancia o engaño y cuantas se metieron en una casa pensando astutamente que podían sacarle ventaja a un préstamo tipo "sub-prime" ajustable, refinanciar la vivienda, generar decenas de miles de dólares en liquidez y como quiera salir adelante?
Conozco a varias personas de ingresos humildes que compraron su casa hace un par de años y en la medida que aumentaba el valor de la vivienda la refinanciaron múltiples veces, llegando a sacarle mas de cien mil dólares en dinero liquido. Ahora, cuando los valores han caído y los intereses han subido, estas personas no han visto otra salida que entregar la casa al banco, culpando el mercado de bienes raíces, culpando al banco que no les permitió refinanciar, o culpando al agente que les vendió la hipoteca por haberles "engañado".
Pobrecitos.
Claro que muchas entidades financieras se aprovecharon de un mercado de bienes raíces sobrecalentado. Claro que los vendedores de hipotecas a menudo distorsionaban los datos para generar sus jugosas comisiones. Y ni hablar de los agentes de bienes raices...
Pero me pregunto, ¿y los miles de dólares que le sacaron a la casa, donde están? Se fueron en viajes a la patria, par de pantallas plasma, auto moderno y hasta implantes de silicón. ¿No pensaron por un instante que ese dinero del cual estaban disfrutando tendría que salir de algún bolsillo? Hmmmmm...
No pretendo dar consejos sobre ética o moral, pues todos tenemos nuestras fallas y este blog entero no daria para enumerar las mias. Sin embargo, resulta refrescante y alentador saber que hay gente como Joan Guzmán, que tiene la valentía y la madurez de decir, "soy personalmente responsable".
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